Sunday, August 8, 2010

La "Consciencia Lingüística"

          El lenguaje, por supuesto, es siempre un hecho inconsciente, pero cualquier hablante puede, según sus capacidades, llevarlo al nivel de la consciencia. Propongámosle a una persona de habla española estas expresiones: "hace mucha calor"; "discutiré las disgresiones en tanto que tales"; "en su narrativa ocurren flash-backs"; "que púberes canéforas te ofrenden el acanto", y preguntémosle si las siente propias de su lengua. Las respuestas nos darán una medida de sus posibilidades de consciencia lingüística. No habrá un solo hispanohablante que admita la expresión "este cigarro estar mucho buena", pero sí hay los que carecen de la capacidad de "entender" que la expresión "Voy a alimentar al perro", oída en un doblaje de televisión, no es propia del español, sino una mala traducción del inglés "to feed the dog", que hubiera debido traducirse "dar de comer al perro".

          Nuestras irregulridades, nuestras ignorancias mismas, pueder ser llevadas a este nivel de consciencia. ¿Sabemos, por ejemplo, conjugar en presente indicativo los verbos soldar y abolir? ¿Sabemos si la r de abrogar es como la de abrojo o más bien como la de rogar y de subrayar? ¿Estamos contentos con la palabra computadora, traducción del computer inglés, o preferiríamos decir computador, tal como el commuter inglés se tradujo conmutador?

          Los primeros que trasladaron al español el útil verbo interrúmpere, en el siglo XVI, vacilaron entre interrumpir e interromper (en tiempos anteriores, seguramente se hubiera preferido entrerromper, a semejanza de entremeter, entreverar, etc.). Si triunfó la forma interrumpir, fue a causa de una como consciencia colectiva capaz de formularse en ciertos "principios" para la transmisión de los cultismos de la lengua general.

Fuente: Los 1,001 años de la lengua española, Antonio Alatorre, 2010. Cuarta Impresión. Fondo de Cultura Económica. ISBN 978-968-16-6678-1



          No cabe duda que la costumbre se hace ley y que, por fuerza de repetición, vamos utilizando palabras y expresiones que ya forman parte de nuestro lenguaje y las cuales adoptamos inconscientemente. Casos tan simples como la palabra chido que empleamos como "sinónimo coloquial" de buenobonito, etc. pero el hecho que aparezca en la vigésima segunda edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no significa que debamos usarla. Por el contrario, si empleamos mejores palabras como hermoso, lindo, bello, etc. nos permitirán expresarnos retóricamente, sin equívocos y con el profundo respeto a quien pacientemente lee, escucha y siente esta humilde manifestación del espíritu.


Opera Prima: Del latín de los literatos al romance de los iletrados. JALT, 2010. Scriptorium ecce studium.  Web: https://lnkd.in/eegssvV  Email: jlopez@netbusiness.com

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          Nada nuevo bajo el sol, dice el conocido proverbio bíblico y, como siempre, es verdad. Como en un principio, el sol se pone y se l...